• Stephanie Bianchi

La meditación es para cualquiera



Listo, ya había hecho el depósito. Ya no había vuelta atrás. El Programa de 8 semanas de Mindful Guatemala iniciaría pronto. No sabía exactamente que parte de mí iba a encontrar pero sabía que quería hacerlo, y lo haría, incluso con miedo. Sabía que era un elemento fundamental para complementar lo que estaba siendo un año lleno de sanación y amor propio. La primera semana no pude llegar, porque ya tenía otro compromiso planificado, así que comencé yendo hasta la segunda semana.

Me había comprometido a leer y hacer los ejercicios de la primera semana, sola, para no atrasarme. Honestamente, solo hojeé el manual y no lo leí a consciencia. Uno de los ejercicios era muy similar a una meditación que ya había hecho varias veces en mi clase de yoga, así que pensé que podía saltarme ese pedazo. No hice los ejercicios y tampoco escribí en el registro de las prácticas. Estaba muy equivocada pensando que no me haría falta. La constancia es muy importante para establecer una buena práctica.


Llegué a la reunión de la semana 2 y me sentía “puro pollito comprado”, como decimos en Guatemala para referirnos a una sensación de desubicación e incomodidad. Otra sorpresa fue la diversidad de personas que conocí en el curso. Estaba yo, que era recién graduada de la Universidad, dos señoras que eran amas de casa, varios señores empresarios, una entrenadora de gimnasio, una chica que ya tenía experiencia en otros tipos de meditación, una psicóloga, una diseñadora de modas, un señor que estaba retomando el curso… en fin, personas de todas profesiones, edades y tamaños.


Las siguientes semanas fueron pasando y ahora sí, trataba de practicar constantemente. Los primeros días fueron increíblemente frustrantes. Decir que uno de los tipos de meditación formal es simplemente sentarte y concentrarte en tu respiración es cierto, pero es mucho más difícil de lo que parece. Observar esos pensamientos incesantes, aún por unos segundos, requiere de mucha práctica y compromiso. En el curso nos repetían que era normal frustrarse, perder la atención rápidamente e incluso sentir desesperación; y ahora puedo decir que es hasta parte del proceso. Creo que, sino experimentaste eso, por lo menos un poco, es probable que no practicaste conscientemente.

Tuve una compañera que nos comentaba en las primeras semanas que cuando se sentaba a practicar sentía que tenía “náusea mental” porque no podía silenciar esa bulla mental. Otro compañero decía que siempre se le dormían las piernas, muchos decían que no podían evitar quedarse dormidos, yo personalmente sentía que me picaba la nariz u otras partes de la cara continuamente, y así muchas otras dificultades. Todas esperadas y normales. Como decía mi profesora del curso, uno no se vuelve experto en meditación de la noche a la mañana. El objetivo tampoco es no pensar ni una sola vez, o no moverse en absoluto, durante tu práctica. Incluso las personas que llevan toda la vida meditando, pierden la atención a veces. Paciencia, no trates de tener una práctica “perfecta”, solo practica a tu manera.

La idea es expandir esos segundos o minutos de atención plena lo más posible, pero aceptando tu práctica como tenga que ser. Algunos días lograrás mantenerla más tiempo, otros no tanto y otros quizá muy poco o nada. Lo importante es tener en mente que no hay una forma equivocada de practicar. Si tu atención duró 1 segundo o 1 minuto, está bien. De igual forma tu cuerpo y mente recibirá los beneficios y aumentará tu bienestar. Algo que me ayudó muchísimo a concentrarme más fue enfocarme en los sonidos de mi alrededor o poner algún sonido de fondo como un ventilador, lluvia o las olas del mar. Cuando perdía la atención, regresaba a ellos antes de regresar a mi respiración. Otra cosa que podría serte útil es poner un aromatizador de ambiente como incienso o un difusor de aceites esenciales y regresar a ese olor cuando pierdas la atención.

Otro obstáculo con el que me topé fue la constancia y la disciplina para practicar. A diferencia de la mayoría de mis compañeros, yo sí tenía el tiempo, y hasta de sobra, para practicar todos los días. Pero muchos días no lo hice. Quizá por pereza, quizá por dejadéz, pero creo que más que nada era por resistencia mental. Crear un hábito toma 21 días, pero mantenerlo toma toda la vida. Muchos días no tenía la motivación, y lo único que me jalaba era la disciplina y la seguridad de todos los beneficios que obtendría. Más aún al escribir en mi registro de práctica. Lo sentía como una obligación, como si fuera una tarea. Y aunque sí me gustaba y sí quería hacerlo, era como si una vocecita interna me convenciera de no practicar. Más o menos como una pelea interna conmigo misma.

El concepto de resistencia mental fue nuevo para mí, pero vaya si no lo viví en carne propia. A la mente le gusta estar en su zona de confort. Aunque sea un lugar oscuro y tormentoso, prefiere el viejo conocido que algo nuevo. Al inicio tu práctica es algo desconocido e interesante y eso hace llamativo el querer hacerla, pero conforme van pasando los días, ese sentimiento de novedad se va perdiendo y se pone más difícil. Y justo en ese momento es donde realmente te toca observar tu resistencia mental y meditar de todas formas. No te preguntes si quieres hacerlo o no, solo hazlo. Incluso ahorita, después de haber terminado el curso de 8 semanas, me cuesta practicar todos los días.

A pesar de todo, puedo decir con seguridad que practicar vale muchísimo la pena. La meditación es para cualquiera. No tienes que haber practicado yoga antes, o ser vegetariano, o ser ateo, ni nada por el estilo. Mindfulness es perfectamente compatible con cualquier tipo de persona, sin importar cuál sea tu estilo de vida. Así que la próxima vez que escuches que alguien dice que la meditación es solo para algunos, recuerda que no es cierto. Y tú… ¿Qué estás esperando para iniciar?

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Daniela Aparicio Quiñonez

panicla94@gmail.com

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