Y cuando decidimos meditar...la cascada de pensamientos nos arrastra.


Continuando con el tema de la semana pasada, sobre la diferencia entre la meditación, reflexión y contemplación, en mi trayectoria como practicante e instructora de yoga, mindfulness y meditación; múltiples personas han venido a mí diciéndome: “yo no puedo meditar porque no puedo vaciar mi mente” o “es que yo no puedo controlar mis pensamientos” o “es que yo soy muy hiperactivo para sentarme a meditar y no hacer nada”.


Si has intentado meditar alguna vez, puede que te identifiques con alguna o con todas las declaraciones anteriores. Es natural que al comenzar a practicar un hábito nuevo, pensamientos limitantes, como los anteriores, surjan en respuesta a lo desconocido. En especial cuando el nuevo hábito que estamos formando, como meditar, se asocia a limpiar y mantener una mente clara y pura.


La meditación es simplemente una oportunidad que nos ofrecemos a nosotros mismos a descansar la mente en un punto fijo dentro de nosotros mismos, sin esforzarnos y sin forzar a la mente a calmarse. Simplemente colocamos nuestra atención en el centro y esperamos. Esperamos a que la mente se calme. Esperamos a que descanse en el centro. Esperamos a que descanse en el silencio y espacio del estado meditativo.


A pesar de esto, al principio colocar suavemente nuestra atención en el centro no es tan fácil como parece. En el momento que cerramos nuestros ojos y decidimos “meditar” o “no pensar” la cascada más potente de pensamientos alguna vez vista en la historia parece inundar nuestra cabeza. De repente todo aquello que no era tan importante, resulta ser de suma diligencia para la mente y parece que nos tenemos que encargar de esos pensamientos en ese mismo instante. Es tanta la urgencia que a veces sentimos que nos vemos obligados a interrumpir nuestra meditación y encargarnos de ese asunto.


Sin embargo, la práctica de meditación es simplemente eso. Una práctica. Practicamos una y otra vez en colocar nuestra atención en el punto de enfoque. Si nos distraemos pensando en algo. No importa. En el momento que nos damos cuenta de que nos involucramos en un pensamiento, volvemos a enfocar la mente en el centro. Sin juzgarnos o evitando sentimientos de frustración o enojo. Simplemente continúo con la práctica de establecer el hábito de descansar la mente en el centro. Con el tiempo y la práctica, el mantener suavemente la atención en el centro será más y más fácil. Tanto que quizás sintamos que “vaciamos nuestra mente” o que “logramos controlar nuestros pensamientos” pero es más bien que hemos aprendido a dominar el arte de ser, sin esfuerzo, sin control, sin juicio. Hemos aprendido a ser y meditar en el silencio de la simplicidad.


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Stephanie Bianchi

s.bianchidl@gmail.com




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